Sabor a San Sebastián: dónde comer en San Sebastián, la capital gastronómica del País Vasco
Si os estáis preguntando dónde comer en San Sebastián, no os preocupéis: si existe un lugar en el mundo donde la comida es un patrimonio cultural vivo, ese lugar es San Sebastián. Su gastronomía no es una simple lista de buenos platos, sino el fruto de una pasión colectiva que hunde sus raíces en la historia, la geografía y el alma social del País Vasco.
Tras la demolición de las murallas de la ciudad en 1863, San Sebastián se abrió al mundo, y fue precisamente en aquel momento cuando nació una de las instituciones más características de la ciudad: los txokos (o sociedades gastronómicas). Eran —y en parte siguen siendo— círculos privados, históricamente masculinos, donde los amigos se reunían para cocinar, comer, cantar y debatir. No eran restaurantes abiertos al público, sino auténticos santuarios de la convivencia, donde se transmitían recetas y se reforzaba un principio tan sencillo como fundamental: comer bien es un acto social.
Es probable que esta tradición se remonte aún más atrás en el tiempo: a una época en la que compartir la poca comida disponible forjaba una forma de estar juntos que, todavía hoy, sigue siendo la base de la cultura donostiarra.
Aquí tenéis algunos consejos prácticos para moveros entre bares de pintxos, mercados y restaurantes gastronómicos, entender cómo se pide y disfrutar de la extraordinaria cocina de San Sebastián sin perderos nada de la experiencia.
- Desayuno, comida y cena: en San Sebastián, el desayuno se sirve normalmente desde primera hora de la mañana hasta las 11:00 o las 12:00. En los bares encontraréis café, productos de bollería, pan tostado y también pintxos salados. La comida se sirve sobre todo entre las 13:00 y las 16:00, mientras que la cena suele empezar después de las 20:00. También se puede ir antes a los bares de pintxos, pero no todos los pintxos calientes se preparan durante todo el día. En el Mercado de La Bretxa podéis comprar productos frescos y preparaciones listas para comer o deteneros para hacer una pausa rápida. Sin embargo, cada puesto y productor puede seguir horarios diferentes, por lo que, para ver el mercado más animado, es mejor ir por la mañana.
- La reserva: en los bares de pintxos normalmente no se reserva: se entra, se busca un espacio en la barra y se pide. Para los restaurantes más conocidos es mejor reservar, sobre todo durante los fines de semana y la temporada alta. San Sebastián es también uno de los grandes destinos internacionales de la alta cocina: los restaurantes con estrella y los menús degustación más solicitados pueden requerir una reserva con mucha antelación y una tarjeta de crédito como garantía. Comprobad también la duración, el precio y las condiciones de cancelación.
- La forma de comer: ir de pintxos significa normalmente pedir una bebida y uno o dos pintxos, consumirlos y después decidir si pedir algo más o cambiar de local. Los pintxos fríos pueden estar expuestos en la barra, mientras que los calientes generalmente se piden al personal y se preparan al momento. Cada bar suele tener su propia especialidad, a menudo indicada en la pizarra o en el menú. Los pintxos y los restaurantes gastronómicos representan dos formas diferentes, pero igualmente importantes, de conocer la cultura culinaria de la ciudad.
- Las bebidas: con los pintxos es habitual pedir un zurito, es decir, una cerveza pequeña, una copa de txakoli o sidra. Los refrescos y las bebidas combinadas suelen servirse con hielo; si no lo queréis, podéis pedirlas sin hielo.
- Pan, aceitunas y pequeños acompañamientos: en los restaurantes pueden llevarlos a la mesa al principio de la comida y podrían añadirse a la cuenta si se consumen. En los bares de pintxos el funcionamiento es diferente y depende de lo que se pida.
- La cuenta, el pago y la propina: el sistema cambia de un local a otro. En algunos bares se paga al final y, en otros, después de cada pedido; seguid las indicaciones del personal. La propina no es obligatoria y el pago con tarjeta está muy extendido. Sin embargo, en los locales concurridos, llevar algo de efectivo puede hacer que el pago sea más rápido.
- El idioma: en los menús, las pizarras y los letreros podéis encontrar palabras tanto en español como en euskera. Algunos términos gastronómicos locales, como pintxo, txakoli o zurito, se utilizan habitualmente y forman parte de la identidad culinaria de San Sebastián.
- Algo que no debéis hacer: no cojáis por vuestra cuenta los pintxos de la barra antes de haber entendido cómo funciona el local. En algunos podéis serviros vosotros mismos, en otros hay que indicárselos al personal, mientras que los calientes normalmente deben pedirse. Evitad también pedir muchos pintxos en el mismo bar: parte de la experiencia consiste en probar las especialidades de distintos locales.
La cocina típica de San Sebastián
La ubicación geográfica de San Sebastián es el primer ingrediente secreto de esta cocina: el mar Cantábrico ofrece pescado fresquísimo, y de ahí parte todo:
- Bacalao al pil-pil: el plato símbolo del País Vasco. Lomo de bacalao cocinado a fuego muy lento en aceite de oliva con ajo y guindilla que, gracias a la gelatina natural de la piel, forma una emulsión cremosa y envolvente. El nombre “pil-pil” recuerda precisamente el borboteo del aceite durante la cocción.
- Kokotxas: las sabrosas carrilleras de bacalao o de pescado blanco, de textura muy tierna, cocinadas a menudo en salsa verde —con perejil y ajo— o al pil-pil.
- Txangurro: centollo, parecido a un cangrejo grande, que se vacía y cuya carne se rehoga con cebolla, tomate y brandy antes de volver a colocarse en el caparazón para gratinarla.
- Anchoas del Cantábrico: célebres anchoas saladas y conservadas en aceite, servidas a menudo simplemente sobre pan tostado: pura esencialidad.
De la tierra, en cambio, llegan carnes excelentes como la txuleta —una chuleta de vacuno, normalmente de buey o vaca vieja y no de ternera joven, cocinada a la parrilla sobre brasas de carbón o leña: uno de los platos emblemáticos de la cocina vasca— y las apreciadas alubias de Tolosa. Todo ello se acompaña de productos locales como el queso Idiazábal, ahumado o no, elaborado con leche de oveja, que no podéis dejar de probar. Yo lo he degustado de todas las maneras posibles: solo, con un hilo de miel o membrillo, en los pintxos más creativos e incluso rallado sobre platos de pescado.
Además de estos grandes clásicos, hay dos platos que descubrí durante mis viajes por el País Vasco y que merecen un lugar especial. El primero es el marmitako, un guiso de atún y patatas nacido de la tradición de los pescadores vascos: un plato humilde y sencillo, pero con un sabor que os reconforta el alma. Yo lo probé durante una estancia en la zona de Zumaia, pero también podéis encontrarlo en algunos restaurantes tradicionales de San Sebastián, además de en alguna sidrería situada fuera de la ciudad.
El segundo es la piperrada, una especie de ratatouille vasca elaborada con pimientos verdes, cebolla y tomate, que a menudo se sirve con un huevo frito encima. Es el acompañamiento perfecto para la carne a la brasa, pero también funciona muy bien como plato único, ligero y sabroso. La incluyo en honor a mis compañeros de viaje, que la apreciaron muchísimo.
Y, si todavía os queda espacio para el postre, además de la famosa cheesecake, buscad la goxua: un dulce tradicional vasco elaborado con crema pastelera, caramelo y galletas, una especie de tiramisú vasco que suele gustar a todo el mundo. No es tan famosa como la tarta de queso, pero es el auténtico postre de la tradición.
Los pintxos —se pronuncia «pin-chos»— siguen siendo la expresión más democrática y alegre de esta cultura. No son simples tapas: son pequeñas composiciones, a menudo auténticas obras de arte, colocadas sobre una rebanada de pan y sujetas con un palillo — el «pincho».
El ritual se llama poteo o ir de pintxos: se va de un bar a otro, pidiendo una copa —un pote— de vino, sidra o cerveza y uno o dos pintxos en cada bar.
¿Y para beber? La bebida emblemática es el txakoli, un vino blanco joven, ligeramente espumoso y ácido. La verdadera magia reside en la forma de servirlo: lo vierten desde arriba, a un metro de distancia, con una técnica llamada a txotx o el salto. No es solo espectáculo: sirve para oxigenar el vino y romper su ligera gasificación, realzando su aroma y suavizando su acidez. Ver a un txakolinero servirlo ya es todo un espectáculo. Los mejores proceden de la D. O. Getariako Txakolina —la más famosa, situada en la costa de Gipuzkoa— y de la Bizkaiko Txakolina —producida en la provincia de Bilbao, algo más rara y apreciada—.
No olvidemos, sin embargo, que el País Vasco es la puerta de entrada a La Rioja, una de las regiones vinícolas más famosas de España. En particular, la subregión de Rioja Alavesa, situada en territorio vasco, produce vinos excelentes.
- Los tintos: aquí se elaboran vinos de Tempranillo de altísima calidad. Buscad etiquetas con las indicaciones «Crianza», «Reserva» o «Gran Reserva»: vinos estructurados, con aromas de fruta roja madura, vainilla y especias, perfectos para acompañar la mítica txuleta o un asado.
- Los blancos: La Rioja no es solo tierra de tintos. Los blancos modernos, elaborados a menudo con Viura —y, en ocasiones, con un toque de Malvasía o Garnacha Blanca—, son frescos, afrutados y minerales: una excelente alternativa al txakoli para acompañar platos de pescado más estructurados.
Y después está la sidra. No es un vino, sino la otra bebida fermentada sagrada del País Vasco, especialmente en Gipuzkoa: natural, ácida, seca, turbia y sin gas añadido, muy diferente de las sidras dulces anglosajonas. Además de en las clásicas sidrerías situadas fuera de la ciudad, en San Sebastián también podéis beber sidra en el centro, en Txirrita Sagardotegia, un local que recrea la experiencia tradicional a pocos pasos de la playa de La Concha.
Pero ahora dejémonos de palabras y sigamos a nuestras papilas gustativas.
Para ponéroslo más fácil, como siempre, he unido mis opiniones personales con la información recopilada entre personas del lugar y he dividido los consejos según el tipo de experiencia. Porque en San Sebastián, ya lo veréis, no se trata simplemente de comer: es una experiencia total.
San Sebastián es un destino gastronómico en cualquier época del año, pero durante algunos meses la ciudad y sus alrededores adquieren una energía aún más especial.
En octubre se celebra San Sebastián Gastronomika, uno de los congresos gastronómicos más importantes de España. Chefs de fama internacional se reúnen para presentar nuevas ideas, participar en demostraciones y debatir sobre el futuro de la cocina. Incluso sin asistir a los encuentros profesionales, durante esos días el ambiente se percibe en toda la ciudad y algunos restaurantes proponen iniciativas y menús especiales.
Entre enero y abril, en cambio, la protagonista es la temporada del txotx. Las sagardotegiak, las sidrerías vascas tradicionales, abren las barricas de la nueva sidra y se llenan de personas que acuden para probarla directamente de la fuente, acompañándola con el menú típico a base de tortilla de bacalao, bacalao con pimientos y carne a la brasa.
En agosto, durante la Semana Grande, San Sebastián vuelve a cambiar de aspecto: conciertos, espectáculos y fuegos artificiales animan los días y las noches. Los locales y los bares de pintxos están mucho más concurridos de lo habitual, pero el ambiente festivo forma parte integral de la experiencia.
En definitiva, en San Sebastián se come bien durante todo el año, pero elegir la época en función de los eventos puede hacer que el viaje resulte aún más envolvente.

Dónde comer pintxos
Si ya habéis leído mi guía completa de San Sebastián, estos nombres os resultarán familiares, pero repetita iuvant, sobre todo cuando se trata de saber dónde poner las manos —y el tenedor— sobre los mejores pintxos de la ciudad:
- La Cuchara de San Telmo: aquí no encontraréis una barra repleta de pintxos preparados: se pide de la pizarra y se come caliente, recién hecho. Cocina de altísimo nivel a precios asequibles. No os perdáis el cochinillo: está espectacular. También me han dicho que el bacalao y el pulpo son excelentes. Los platos cambian periódicamente, pero estos ingredientes siguen siendo una apuesta segura.
- Borda Berri: platos reinterpretados con un enfoque creativo y preparados al momento. Si, como a mí, os encanta el risotto, probad su versión de Puntalete con Idiazábal, el queso típico vasco: es cremosísima, de sabor intenso, y a mí me encantó. Al probarla descubriréis que, en realidad, no está elaborada con arroz tradicional, sino con una pasta corta llamada puntalette o puntalete, que tiene forma de grano de arroz y se cocina precisamente como un risotto.
- La Cepa de Bernardo: un local histórico de la Parte Vieja, abierto desde 1942. Es una excelente opción tanto como bar como restaurante: el lugar perfecto si buscáis una experiencia más clásica, quizá para probar un buen pescado o un corte de carne en una atmósfera cargada de historia. El salteado de almejas es memorable, os lo garantizo.
Pero podéis elegir entre una infinidad de opciones:
- Bar Valle: aquí nació, en 1942, la Gilda —aceituna, anchoa del Cantábrico y guindilla ensartadas en un palillo—, el pintxo más icónico del País Vasco, bautizado así en honor a la película de 1946 protagonizada por Rita Hayworth. Un pedazo de historia viva que podéis probar directamente en la barra.
- Bar Sport: el destino perfecto para quienes aman el foie gras a la plancha, servido sobre una rebanada de pan tostado: un pintxo que, por sí solo, merece el desvío.
- Antonio: famoso por su txangurro al horno, por los raviolis de langostinos en salsa Martini y por la tortilla de patatas, considerada una de las mejores de la ciudad.
- Casa Urola: histórico local de la Parte Vieja, dirigido por el chef Pablo Loureiro, galardonado con el Premio Euskadi de Gastronomía en 2019. En la planta baja encontraréis una barra de pintxos tradicionales y creativos; en la planta superior, un restaurante que pone en valor la parrilla de carbón vegetal.
- Bar Txuleta: como su propio nombre indica, es el reino de la txuleta. Probadla aquí en versión pintxo o degustad sus famosas croquetas.
- Bar Txepetxa: el reino de las anchoas, servidas de decenas de formas creativas sobre pan.
- Gandarias: bar de pintxos y restaurante al mismo tiempo, célebre sobre todo por su txuleta e incluido entre los bares de referencia del Instituto del Pintxo.
- Atari: bar con un ambiente cálido y revestido de madera, frente a la Basílica de Santa María. Es famoso por la carrillera de ternera y por sus platos elaborados con foie gras.
- Astelena, en el Centro: toda una institución, con una barra monumental y pintxos clásicos impecables.
Por desgracia, en los últimos años San Sebastián se ha visto invadida por los turistas, que han convertido la experiencia de los pintxos en algo demasiado comercial e instagrammeable. Bares que antes frecuentaban los donostiarras están ahora tan abarrotados que los propios habitantes terminan desistiendo, y algunos locales acaban limitándose a abrir la ventana y ofrecer pintxos en modalidad para llevar.
La primera vez que estuve en San Sebastián, por ejemplo, pude probar el txangurro al horno del Bar Sport, y por eso os lo he recomendado más arriba. La última vez, en cambio, había una cola tan larga que habría corrido el riesgo de pasarme medio día esperando.
Por eso, si veis que la situación es crítica y os apetece salir del casco histórico, os aconsejo disfrutar de la noche en Gros. El ambiente es diferente, pero la calidad sigue siendo indiscutible:
- Bergara: es uno de los mejores ejemplos de pintxos gourmet bien elaborados. Es una opción excelente tanto para un aperitivo largo como para una cena informal, pasando de un plato a otro.
- Bodega Donostiarra: un gran clásico, muy apreciado también por los donostiarras. Aquí se respira un ambiente más tradicional, casi de bar de barrio, pero con una cocina sólida y fiable. Es famosa por sus pintxos fríos, sus bocadillos bien preparados y una selección de vinos siempre interesante.
- La Madame: es un local nocturno perfecto para terminar el día. Ofrece cócteles cuidados y un ambiente elegante, pero nada rígido. Es la dirección ideal si, después de cenar, queréis quedaros por la zona de Gros sin volver hacia la Parte Vieja, quizá tras un día de playa o de surf. También es una buena opción para tomar un brunch antes de marcharos.
Para consultar una guía completa y actualizada sobre dónde comer pintxos, visitad la página web del Instituto del Pintxo, una asociación independiente y sin ánimo de lucro fundada en 2019 que publica cada año la Guía del Instituto del Pintxo. La última edición, la de 2026, incluye 69 bares seleccionados en el territorio guipuzcoano. El Instituto concede las Barandillas, premios que reconocen la excelencia en los pintxos, el servicio, la sostenibilidad y la tradición, respaldados por un comité de expertos independientes que no son restauradores en activo.
También organiza eventos, como la gala en el Teatro Victoria Eugenia, y jornadas técnicas dedicadas al pintxo como patrimonio cultural inmaterial. Si estáis organizando una visita a San Sebastián, echad un vistazo a su página web: estas jornadas son perfectas para profundizar en la gastronomía vasca y vivirla a través de una experiencia diferente. Además, apoyaréis una iniciativa local que pone en valor los bares auténticos de la ciudad y el patrimonio gastronómico donostiarra.

Pintxo deconstruido, una interpretación gourmet de los tradicionales bocados vascos en San Sebastián.
Dónde comer para una velada especial: los restaurantes con estrella Michelin
Junto a la vitalidad popular de los bares, San Sebastián alberga una concentración única de restaurantes con estrella Michelin, auténticos referentes de la gastronomía mundial. Entre la ciudad y sus alrededores suman 19 estrellas Michelin en total, una cifra que lo dice todo sobre la densidad de excelencia gastronómica de este rincón del País Vasco.
El nombre más emblemático es Arzak, con tres estrellas Michelin. Es una parada imprescindible para quienes quieran comprender la profundidad y la innovación de la cocina vasca contemporánea. Tenéis que reservar con mucha antelación, sobre todo durante los meses de temporada alta: yo llamé en junio y no había disponibilidad hasta septiembre.
Una alternativa puede ser Akelarre: Pedro Subijana ofrece una cocina refinada con unas vistas impresionantes al océano desde la colina de Igueldo. También es un hotel espectacular, para quienes quieran —y puedan— prolongar la experiencia con una noche de alojamiento.
O, si os conformáis con dos estrellas ;-), probad Amelia by Paulo Airaudo: el único restaurante con dos estrellas de la ciudad, trasladado recientemente a su nueva sede dentro del icónico Hotel María Cristina.
Tampoco faltan las alternativas con una estrella:
- Kokotxa: en el corazón de la Parte Vieja, cerca de la Basílica de Santa María, ofrece una cocina de mercado con una marcada atención al pescado fresco y al txangurro.
- iBAi by Paulo Airaudo: el segundo proyecto donostiarra del chef, con una atención aún más marcada a la estacionalidad.
- Itzuli: la nueva incorporación de 2026, firmada por Iñigo Lavado y ubicada en el Hotel Luze Boutique San Sebastián. Propone una reinterpretación personal y familiar de la cocina vasca tradicional.
Fuera de la ciudad, pero siempre dentro del gran territorio gastronómico de Gipuzkoa, encontraréis Martín Berasategui, con tres estrellas, en Lasarte-Oria; Mugaritz, con dos estrellas, en Errenteria, uno de los nombres más influyentes de la cocina de vanguardia española; Elkano, con una estrella, en Getaria, en la costa, uno de los grandes templos mundiales del pescado a la parrilla, hasta el punto de haber entrado en la lista de The World’s 50 Best Restaurants 2025; Alameda, con una estrella, en Hondarribia; y Ama, con una estrella, en Tolosa.
He leído que, en algunos casos, las reservas deben hacerse con al menos seis meses de antelación durante la temporada alta, sobre todo en los restaurantes con tres estrellas.

El Mercado de La Bretxa
Para comprender de verdad la cocina de San Sebastián, es imprescindible visitar el Mercado de La Bretxa. En la planta inferior del mercado cubierto, entre las antiguas murallas de la ciudad, los puestos de pescado fresquísimo y verduras impecables os muestran la materia prima que hace posible toda esta magia. Aquí se encuentran vendedores y restauradores en una relación de confianza y conocimiento que perdura desde hace generaciones, donde cada ingrediente cuenta una historia.
En la planta superior encontraréis restaurantes y bares, algunos auténticos y otros más turísticos, donde podréis probar las especialidades del mercado.
Personalmente, me pareció un poco caro, pero los precios están perfectamente en consonancia con la calidad de los productos expuestos en los puestos. No es el mercado más económico de la ciudad, pero sí uno de los más fiables: aquí la calidad no es una promesa, sino una certeza.
Si queréis gastar un poco menos, pero vivir igualmente la experiencia auténtica de comprar en un mercado, dirigíos al Mercado de San Martín, cerca del paseo de La Concha. Se trata de un mercado cubierto más pequeño y menos turístico que La Bretxa, ubicado en un edificio histórico rehabilitado.
Si queréis llevaros a casa un recuerdo en forma de sabor, tanto en el Mercado de La Bretxa como en el más tranquilo Mercado de San Martín encontraréis puestos especializados donde podréis probar los productos antes de comprarlos.

La tarta de queso de San Sebastián
San Sebastián es famosa en todo el mundo por su tarta de queso: una superficie ligeramente quemada, un interior cremoso y tembloroso y un sabor intenso a queso fresco y azúcar caramelizado. Pero no os dejéis engañar: no se trata de un antiguo postre tradicional vasco, sino de una creación relativamente reciente.
La célebre tarta de queso nació casi por casualidad en el bar-restaurante La Viña, en la Parte Vieja de San Sebastián. En 1990, Santiago Rivera, que trabajaba en el restaurante familiar, estaba realizando distintas pruebas en la cocina para aprender y mejorar. Experimentó con varias recetas de tarta de queso, modificando las cantidades y la cocción, hasta obtener aquella de superficie muy oscura y corazón cremoso que acabaría haciéndose famosa en todo el mundo.
Su fama internacional se debe sin duda a las redes sociales y a los chefs extranjeros que llevaron la receta a distintos concursos y restaurantes del mundo, pero su popularidad creció aún más cuando el New York Times la señaló como uno de los sabores del año en 2021.
No importa si ya habéis probado las de Florida o Nueva York: esta está realmente a otro nivel. Perfecta para merendar o para terminar la noche con algo dulce, no podéis marcharos de San Sebastián sin haberla probado.
Esta tarta de queso es especial precisamente porque rompe todas las reglas de la tradición. Esto es lo que la hace única:
- Sin base de galleta: a diferencia de las tartas de queso clásicas, no tiene una base crujiente. Según sus creadores, esta elección permite realzar la cremosidad del queso sin elementos que distraigan.
- El “quemado” perfecto: su característica más icónica es la superficie oscura, casi quemada. No es un error de cocción, sino un resultado buscado, que se consigue horneando la tarta a una temperatura muy alta. Esta caramelización le aporta un sabor que recuerda a la crème brûlée.
- Una textura paradójica: el exterior es oscuro y compacto, mientras que el interior resulta increíblemente cremoso, suave y aterciopelado. Una vez horneada, el centro debe temblar ligeramente.
Cuando estuve en San Sebastián por última vez, en agosto de 2025, evidentemente no podía perderme una parada en La Viña, pero había una cola tan larga que ocupaba la mitad de la calle 31 de Agosto. En casos así, podéis optar por una tarta de queso para llevar y evitar los tiempos de espera. Yo lo hice así, siguiendo el consejo de un donostiarra, y funcionó.
Un consejo: la tarta suele agotarse a media tarde, así que organizad la visita para la merienda o justo después de comer.
En junio de 2026, Santiago Rivera, el hombre que en 1990 inventó la tarta de queso más famosa del mundo, se jubiló después de casi 40 años detrás de la barra. Sin embargo, el local no cierra: siguen al frente sus dos hijos, Ismael y Sara, junto con Mikel Castellanos, socio histórico del restaurante desde hace más de treinta años. La receta, la original, sigue siendo la misma; solo ha cambiado el rostro detrás de la barra.
Si los tiempos de espera en La Viña fueran demasiado largos, una alternativa es dirigirse a BASSK Cheesecakers. Es un local especializado en la tarta de queso vasca, donde podéis comprar una porción o una tarta entera para llevar. Naturalmente, no ofrece la misma experiencia histórica que La Viña, pero es una solución cómoda y deliciosa para probar este dulce sin tener que afrontar largas colas.

Un desayuno goloso en la Pastelería Oiartzun, una histórica pastelería en el centro de San Sebastián.
Dónde desayunar en San Sebastián
También el desayuno merece atención en San Sebastián, y hay opciones para todos los gustos, desde una tostada saludable hasta el clásico pintxo de la mañana.
En la Parte Vieja, uno de los locales favoritos de muchos donostiarras es Maiatza: tostadas, bowls, batidos y zumos naturales, huevos preparados de todas las formas y bagels. Hay tanta variedad que os resultará difícil elegir. No es solo una recomendación mía: parece que también Elena Arzak, chef del restaurante con tres estrellas Michelin, lo aprecia especialmente por sus brunches «excelentes y variados».
Si preferís algo más tradicional y dulce, la Pastelería Oiartzun es justo lo que buscáis. Podréis tomar el café en sus mesas al aire libre y elegir entre croissants especiales, pastel vasco, trufas y éclairs.
En el Centro, Koh Tao es un bar-cafetería más rápido, a pocos pasos de la Parte Vieja, con tostadas dulces y saladas y una excelente selección de tés e infusiones. Es perfecto para desayunar antes de salir a descubrir la ciudad.
Cerca de la playa de La Concha, La Issla Coffee & Brunch ofrece tostadas y bowls en un ambiente relajado, a pocos pasos del mar.
Si, en cambio, os dirigís hacia Gros y la playa de la Zurriola, parad en Alabama Café. Aquí las especialidades son los zumos, los cafés y, sobre todo, las tostadas ecológicas, preparadas con panes artesanales a base de quinoa, chía y espelta. Es una opción excelente para quienes buscan un brunch con alternativas vegetarianas o veganas.
Y si queréis empezar el día a la vasca, con una auténtica tortilla de patatas en lugar de cereales, volved al Bar Antonio, ya mencionado entre los bares de pintxos. Su tortilla de la mañana es una de las más apreciadas de la ciudad, pero atención: se termina pronto, alrededor de las 9:30-10:00, así que conviene madrugar.

Las sidrerías de San Sebastián (sagardotegiak)
Si queréis comprender de verdad San Sebastián, tenéis que salir de la ciudad. A pocos kilómetros, entre Astigarraga y los municipios cercanos, como Usurbil, se concentran las mejores sidrerías de la zona: las famosas sagardotegiak —del euskera sagarra, «manzana», y tegia, «lugar»; literalmente, «el lugar de la sidra»—. Es aquí donde se vive el rito del txotx —se pronuncia «choch»—, la palabra con la que se abre cada barrica y que aquí suena casi como un grito de batalla. Como curiosidad, en euskera txotx significa literalmente «palillo»: antiguamente se utilizaba precisamente un pequeño palo de madera para perforar la barrica, de ahí el grito que se ha mantenido aunque hoy el método haya cambiado.
La tradición es antigua: algunas sidrerías, como Petritegi, Zapiain o Bereziartua, cuentan con siglos de historia, caseríos del siglo XVI y familias que transmiten el arte de elaborar sidra de generación en generación. Entrar en una de ellas significa dar un salto al pasado, entre largas mesas de madera desgastadas por el uso y una atmósfera que evoca antiguas historias campesinas.
Una curiosidad gastronómica e histórica explica muy bien hasta qué punto la sidra era importante en la vida de San Sebastián: hasta principios del siglo XVII, cuando finalmente se construyó un acueducto alimentado por los manantiales de Morlans, el agua escaseaba tanto que, durante los incendios, se utilizaban sidra y vino para apagar las llamas.
No se trata de una leyenda. Las Ordenanzas de 1489 obligaban a quienes tuvieran vino o sidra a ponerlos a disposición en caso de incendio, y contemplaban además un reembolso por parte del Ayuntamiento.
Existe incluso un testimonio concreto: un acta municipal del 7 de diciembre de 1604 documenta el pago de la sidra utilizada para sofocar un incendio declarado en la zona de la Zurriola.
La próxima vez que levantéis un vaso de sidra en San Sebastián, recordad que aquí esta bebida no es solo un placer de la mesa: en el pasado contribuyó literalmente a salvar la ciudad de las llamas.
Yo, sin embargo, elegí Saizar, en Usurbil, fundada en 1974: es más joven, pero hoy está considerada una de las sidrerías más importantes del País Vasco, y tengo que decir que no podría haber elegido mejor. Ofrecen distintas opciones, entre ellas comidas y cenas con más de 10 menús entre los que elegir, además de visitas guiadas a la bodega y a la finca que incluyen degustaciones y/o la comida.
Nosotros optamos por una visita guiada con cena incluida, y desde el primer momento comprendí que sería una inmersión total en la cultura vasca. La guía nos contó la historia de la familia y del caserío, un patrimonio que aquí se transmite de generación en generación. Visitamos todos los rincones de la casa, desde las antiguas instalaciones de producción hasta las bodegas donde las barricas reposan en silencio, y hablamos de la producción y la elaboración de la sidra, descubriendo los secretos que hacen única cada cosecha. Conocimos los detalles de cada sidra, las diferencias entre los distintos tipos y la importancia de las manzanas cultivadas en sus propios manzanales. Y, por fin, llegó el momento más esperado: nos sentamos a la mesa para degustar un menú tradicional de sidrería.
Nada más entrar, ya desde la entrada, entendí que no sería una simple comida: largas mesas de madera, gente riendo, vasos que se alzan y un aroma a brasa que te envuelve. Se paga un precio fijo y uno se deja llevar por el menú, que incluye la txuleta: una enorme chuleta de vacuno cocinada a la brasa, que se corta en el centro de la mesa y se comparte con quienes tienes al lado, aunque no los conozcas. Y no es casualidad que esté tan buena: el parrillero de Saizar, Ramón Lertxundi, ganó el Concurso Nacional de Parrilla 2022.
Pero aquí la verdadera magia es la sidra, elaborada con las manzanas de sus 12 hectáreas de manzanales, y esa atmósfera auténtica que te hace sentir durante una noche como un auténtico vasco. La sidra cae directamente de la barrica en un chorro fino que hay que beber de inmediato, porque el oxígeno la apaga en pocos segundos. Lo mejor es que podéis levantaros cuando queráis, acercaros a las barricas y dejar que os sirva quien las abre.
Tanto si elegís una de las sidrerías históricas como una más moderna, como Saizar, lo importante es vivir el txotx: reservad con meses de antelación siempre que podáis y, cuando oigáis a alguien gritar «¡Txotx!», levantad el vaso y dejaos llevar.
Si queréis vivir la experiencia de una auténtica sidrería vasca en Astigarraga sin preocuparos por conducir a la vuelta, llegar desde San Sebastián es bastante sencillo.
- Desde el centro de San Sebastián, tomad el autobús de la línea BU3, que sale de Plaza Gipuzkoa. El trayecto dura unos 20 minutos y os deja en pleno centro del municipio.
- La vuelta después de cenar: durante el día los autobuses pasan con frecuencia, pero el último servicio nocturno hacia San Sebastián sale aproximadamente a las 22:00. Si decidís cenar en una sidrería, comprobad los horarios actualizados y calculad bien los tiempos.
- Saizar: si elegís esta opción, recordad que no se puede llegar en transporte público. Las únicas alternativas son ir en coche o en taxi.
- Taxi: un trayecto desde el centro de San Sebastián hasta Astigarraga o Saizar cuesta generalmente unos 20 €. Si viajáis en grupo, puede ser una solución cómoda y económica, sobre todo para regresar por la noche.
Si no tenéis coche, llueve o simplemente preferís quedaros en el centro, sigue habiendo una solución: Txirrita Sagardotegia, una sidrería en el corazón de San Sebastián, a pocos pasos de la playa de La Concha. Su nombre rinde homenaje a Txirrita, célebre bertsolari —poeta improvisador en verso de la tradición oral vasca—, un detalle que ya dice mucho sobre la atención que este lugar presta a la cultura local.
La experiencia es auténtica: os llevan directamente hasta las barricas y os enseñan a serviros la sidra vosotros mismos. El menú es fijo, como en todas las sidrerías, e incluye txistorra, tortilla de bacalao, bacalao frito, la mítica txuleta, queso con membrillo y nueces. Y, por supuesto, toda la sidra que queráis beber.
No abre todos los días, así que comprobadlo antes de ir. Además, es muy recomendable reservar.
San Sebastián es un manual de felicidad gastronómica al aire libre. La única regla es dejarse llevar. Alternad la alta cocina con estrellas Michelin con la sencillez de una sidrería, la maestría de un chef con la pasión de un barman. No tengáis miedo de perderos: cada callejuela de la Parte Vieja es una promesa de sabor. Reservad, caminad, probad y sonreíd.
Aquí, cada bocado se convierte en un recuerdo imborrable y será vuestro souvenir más dulce.
Por ahora, ¡buen provecho! Y, como dicen aquí, on egin —literalmente, «hacedlo bien»—, una forma muy vasca de desear buen apetito.
