Las Salinas de Aigues-Mortes: un viaje entre historia milenaria, paisajes rosas y oro blanco
Más allá de las imponentes murallas medievales de Aigues-Mortes se abre un paisaje que parece sacado de otro planeta: las Salinas de Aigues-Mortes. Un inmenso mosaico de estanques rosas, canales y montañas de sal blanca que se extiende hasta donde alcanza la vista, donde la naturaleza y el trabajo experto del ser humano crean un espectáculo único en el mundo.
Este no es solo un lugar de producción industrial, sino un auténtico museo al aire libre, un ecosistema valioso y una de las atracciones más fascinantes de la Camarga.
Aquí tenéis algunas recomendaciones prácticas para organizar mejor la visita a las Salinas de Aigues-Mortes: cómo llegar, cómo organizar la visita y cuándo ir. Algunas indicaciones útiles para elegir el medio de transporte más cómodo, decidir cómo recorrer las salinas y escoger la época y el horario más adecuados para disfrutar de sus colores.
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Cómo llegar a las Salinas de Aigues-Mortes
- En coche: la entrada se encuentra en la RD 979, en dirección a Le Grau-du-Roi, a unos cinco minutos de las murallas de Aigues-Mortes. En la zona de entrada hay disponible un aparcamiento gratuito, amplio y cómodo.
- A pie: desde el centro de la ciudad fortificada podéis llegar a las salinas recorriendo aproximadamente 1,5 kilómetros. El trayecto es sencillo y alterna carreteras asfaltadas y tramos junto a las balsas, pero no es especialmente panorámico. Tened en cuenta también el camino de regreso, sobre todo durante los días más calurosos.
- En bicicleta: la distancia desde el centro es corta y el recorrido se puede realizar fácilmente gracias al carril bici que bordea el canal —el mismo tramo de la ViaRhôna que, continuando hacia el norte, os llevaría hasta la Tour Carbonnière. Es una opción especialmente cómoda si ya habéis alquilado una bicicleta para explorar Aigues-Mortes y la Camarga.
- En transporte público: podéis llegar a Aigues-Mortes en tren regional o con los autobuses liO, entre ellos la línea 606 desde Montpellier y la línea 132 desde Nîmes. Sin embargo, no existe una parada frente a la entrada de las salinas: desde la estación o desde las paradas cercanas a las murallas tendréis que continuar a pie, en bicicleta o en taxi.
Cómo organizar la visita a las Salinas de Aigues-Mortes
- Las salinas se pueden visitar en tren turístico, a pie, en bicicleta o participando en una visita guiada. Más adelante os hablaremos con detalle de las diferentes posibilidades, con sus respectivas ventajas y desventajas.
- Os recomendamos reservar con antelación, especialmente durante el verano, los fines de semana y los periodos festivos. Incluso en temporada baja, las salidas del tren turístico pueden agotarse rápidamente.
- Antes de la visita, consultad siempre en la página web oficial los horarios, las tarifas y las actividades disponibles, ya que pueden cambiar según la temporada y las condiciones meteorológicas.
- En la zona de entrada encontraréis un aparcamiento gratuito, una zona de pícnic, un bar y servicios. Por lo tanto, podéis llegar con un poco de antelación o quedaros al finalizar la visita.
- Los animales de compañía no están permitidos dentro de las salinas, ni siquiera durante la visita en tren turístico o si se transportan en una bolsa. Solo se contemplan excepciones para los perros guía y de asistencia.
- Si preferís una excursión organizada que combine las salinas con la visita a Aigues-Mortes, podéis consultar las propuestas de GetYourGuide y Civitatis.
Cuándo ir a las Salinas de Aigues-Mortes
- En primavera: las temperaturas son más agradables, los tonos de las balsas suelen ser más delicados y la afluencia todavía es moderada. Es la época más adecuada para visitar las salinas a pie o en bicicleta sin tener que soportar un calor intenso.
- En verano: el color rosa tiende a volverse más intenso, pero también aumentan las temperaturas y el número de visitantes. Prácticamente no hay sombra dentro del recinto, así que llevad agua, sombrero, crema solar y gafas de sol.
- Entre finales de agosto y septiembre: podríais ver las salinas durante el periodo de recolección de la sal y encontrar las balsas con sus tonalidades más espectaculares.
- En otoño: el ambiente vuelve a ser más tranquilo y las temperaturas suelen ser agradables, aunque las modalidades de visita y el número de salidas pueden reducirse.
- Qué horario elegir: las horas centrales del día realzan el contraste entre el rosa de las balsas, el blanco de las montañas de sal y el cielo de la Camarga, pero en verano pueden ser muy calurosas. El final de la tarde y la puesta de sol ofrecen, en cambio, una luz más suave y sugerente.
- El color del agua y la presencia de flamencos dependen de la salinidad, del ciclo de producción, de la luz y de las condiciones naturales. Por lo tanto, no es posible garantizar ni un color rosa especialmente intenso ni el avistamiento de numerosos flamencos.

Un poco de historia sobre las Salinas de Aigues-Mortes
La historia de la producción de sal en Aigues-Mortes hunde sus raíces en tiempos remotos. Las salinas están consideradas entre las más antiguas de Europa. Aunque no existen documentos seguros que demuestren su explotación por parte de fenicios y griegos, es muy probable que estos pueblos antiguos, grandes navegantes y comerciantes, ya hubieran comprendido el valor de estas superficies llanas y soleadas donde la propia naturaleza depositaba la sal.
La primera organización sistemática de la producción se remonta, sin embargo, a la época romana. Un ingeniero romano llamado Peccius, a comienzos de la era cristiana, recibió el encargo de desarrollar la producción de sal en esta región pantanosa. El nombre de las marismas de Peccais, situadas cerca de las salinas, es precisamente un recuerdo de este lejano pasado romano.
A lo largo de la Edad Media, la actividad salinera continuó desarrollándose. Fue especialmente durante el reinado de San Luis —Luis IX—, en el siglo XIII, cuando las salinas recibieron un nuevo impulso: el rey, que fundó Aigues-Mortes para proporcionar a Francia un puerto en el Mediterráneo, ordenó sanear y administrar las marismas circundantes, consolidando la producción de sal. A finales del siglo XVII, solo en la zona de Peccais existían nada menos que diecisiete pequeñas salinas pertenecientes a diferentes propietarios.
La historia de las salinas siguió los cambios políticos y económicos de Francia. Después de las graves inundaciones de 1842, los distintos propietarios comprendieron la necesidad de unirse para hacer frente a las dificultades. En 1856, se asociaron con un comerciante de Montpellier y fundaron la empresa Renouard et Cie, que posteriormente cambió su nombre por el de la célebre Compagnie des Salins du Midi, que todavía hoy gestiona el lugar. Desde entonces, las Salinas de Aigues-Mortes se han convertido en uno de los centros de producción salinera más importantes del Mediterráneo: tened en cuenta que la Camarga produce por sí sola aproximadamente una cuarta parte de la producción de sal de Europa.
Todavía hoy, el lugar está gestionado por el Groupe Salins, heredero directo de aquella primera asociación de productores: es la empresa que se encuentra detrás de marcas que probablemente ya tengáis en vuestra cocina, como La Baleine, líder francés de la sal marina desde 1934, y Le Saunier de Camargue, la línea prémium de flor de sal.
Otro importante enclave salinero de la Camarga es el de Salin-de-Giraud . En comparación con las salinas de Aigues-Mortes, las de Salin-de-Giraud son más adecuadas para quienes buscan una experiencia paisajística, solitaria y menos turística. Se encuentran en la parte oriental de la región, cerca de la desembocadura del Grand Rhône, en una zona mucho más aislada.
La diferencia fundamental es que las salinas en producción no se visitan desde el interior como las de Aigues-Mortes: se contemplan principalmente desde el Point de vue du Sel, un mirador gratuito desde el que se pueden observar las balsas, las geometrías de los estanques y las grandes camelles, algunas tan extensas y altas que pueden albergar al mismo tiempo varios camiones con sus respectivos remolques.
El enclave es más amplio, austero e industrial: ocupa aproximadamente 6.000 hectáreas y la producción se destina en gran parte a usos industriales, incluida la sal utilizada para el deshielo de las carreteras.
Las Salinas de Aigues-Mortes son un auténtico «mar cultivado» de dimensiones impresionantes. Aunque la visita se concentra únicamente en una parte del recinto, debéis saber que las salinas se extienden a lo largo de aproximadamente 9.800 hectáreas —¡casi tanto como la ciudad de París!—, repartidas entre cuatro municipios: Aigues-Mortes, Le Grau-du-Roi, Saint-Laurent-d’Aigouze y Les Saintes-Maries-de-la-Mer.
Miden 18 kilómetros de norte a sur y más de 13 kilómetros de este a oeste. Nada menos que 340 kilómetros de carreteras y senderos atraviesan este inmenso territorio, permitiendo la gestión y el mantenimiento de las balsas. Cada año se producen aquí alrededor de 500.000 toneladas de sal, hasta el punto de convertirse en un verdadero referente para la producción de sal en todo el mundo.
La producción de sal en la Camarga es el resultado de un saber ancestral, transmitido de generación en generación. El saunier —o salinero— es el verdadero guardián de este proceso: un «agricultor del mar» que trabaja en armonía con los elementos.
El ciclo de producción se desarrolla entre la primavera y el otoño, siguiendo un recorrido fascinante de aproximadamente 60 kilómetros y atravesando diferentes balsas según la fase del proceso y la época del año:
- Bombeo (abril-agosto): el agua del mar, que contiene de forma natural unos 29 gramos de sal por litro, se bombea y se conduce hacia una serie de balsas poco profundas llamadas partènements.
- Evaporación: impulsada por el viento y calentada por el sol, el agua inicia su lento recorrido de cuatro meses a través de los estanques, pasando de una balsa a otra y perdiendo progresivamente profundidad mientras aumenta la concentración de sal. Al final del trayecto, el agua se ha evaporado en un 90 % y la concentración de sal alcanza entre 260 y 290 gramos por litro.
- Cristalización: el agua, ya saturada, llega al último estanque, llamado table salante. Es aquí donde ocurre la magia: la sal cristaliza y se deposita en el fondo, formando una capa llamada gâteau —«pastel»—.
- Recolección (agosto-septiembre): una vez eliminada el agua restante, la capa de sal —de unos 10 centímetros de espesor— se recoge mecánicamente mediante máquinas especiales, similares a grandes cosechadoras, llamadas récolteurs.
- Lavado y almacenamiento: la sal recolectada se lava, se escurre y, finalmente, se acumula en enormes montones al aire libre: las famosas camelles. Estas montañas de sal blanca, que pueden alcanzar entre 15 y 20 metros de altura, son el símbolo de las salinas: cada camelle corresponde a la producción de un año.
- La flor de sal: además de la recolección mecánica, existe un producto de excelencia que se recoge a mano: la flor de sal. Es la fina capa de cristales que se forma sobre la superficie del agua en las tables salantes y que se recoge mediante gestos antiguos y delicados.

El misterio del rosa: un fenómeno natural único
Una de las imágenes más icónicas de las Salinas de Aigues-Mortes es el intenso color rosa de sus aguas, cada vez más marcado a medida que aumenta el nivel de salinidad. Este fenómeno, que atrae a fotógrafos y viajeros de todo el mundo, no es fruto de ningún artificio, sino de un fascinante proceso natural.
La responsable de este espectáculo es un alga microscópica llamada Dunaliella salina. Esta alga unicelular posee una capacidad extraordinaria: para sobrevivir en aguas hipersalinas, donde la concentración de sal resulta letal para casi todos los demás organismos, produce grandes cantidades de betacaroteno, un pigmento natural rojo anaranjado que la protege de los daños del sol; para entendernos, el mismo que utilizamos para broncearnos.
En las balsas también vive un pequeño crustáceo, la Artemia salina, que se alimenta precisamente de esta alga. Sin embargo, la Artemia no consigue sobrevivir cuando la concentración de sal se vuelve demasiado elevada: en las tables salantes, donde la salinidad alcanza sus niveles máximos, el crustáceo desaparece y deja vía libre al alga, que puede proliferar en abundancia y teñir el agua de rosa.
La intensidad del rosa no se mantiene constante durante todo el año. El color se intensifica a lo largo del verano y alcanza su máximo esplendor entre finales de agosto y septiembre. En primavera es mucho más tenue, entre lila y rosa pálido, mientras que en pleno verano ya puede volverse intensísimo, casi rosa fluorescente. Por eso, una visita a finales del verano ofrece el espectáculo más impresionante.
Hay un detalle que os sorprenderá: la misma Dunaliella salina que tiñe de rosa las balsas — el alga microscópica de la que hablaremos dentro de poco — también se ha convertido en el punto de partida de una línea de cosméticos.
De hecho, el grupo ha desarrollado Éclaé, una gama de productos antiedad que aprovecha las propiedades antioxidantes e hidratantes de esta alga, capaz de protegerse del sol y de la salinidad extrema produciendo grandes cantidades de betacaroteno.
Un ejemplo perfecto de cómo, en la Camarga, incluso el paisaje más extremo puede esconder recursos valiosos, ya sea para condimentar un plato o para cuidar la propia rutina de belleza.
Pero el lugar no tiene únicamente un valor industrial. En 1995 fue incluido en el Inventario General del Patrimonio Cultural francés, por su importancia histórica y cultural, pero también por su papel en la conservación de la biodiversidad.

Un ecosistema protegido y lleno de vida
A pesar de ser un enclave industrial en funcionamiento, las Salinas de Aigues-Mortes constituyen realmente un ecosistema de extraordinaria riqueza, un auténtico paraíso para la biodiversidad. La inmensa extensión de las balsas y su relativa tranquilidad ofrecen refugio y alimento a numerosas especies animales y vegetales.
Los flamencos rosas son los protagonistas indiscutibles. Aquí encuentran su alimento favorito, la Artemia salina, y pueden observarse por centenares, cuando no por millares, en las balsas. Su presencia está relacionada con la disponibilidad de alimento y con las estaciones: no está garantizada durante todo el año, ya que la salinidad excesiva y la ausencia del crustáceo del que se alimentan hacen que en verano se vean menos.
Las salinas son un humedal de importancia internacional, frecuentado por más de 200 especies de aves, tanto sedentarias como migratorias. Además de los flamencos, se pueden observar garzas, garcetas, cigüeñuelas, avocetas, charranes, gaviotas y muchas otras especies.
La importancia ecológica del lugar es tal que, desde diciembre de 1995, las salinas están inscritas en el Inventario General del Patrimonio Cultural francés y forman parte de un contexto de protección medioambiental.
Y si esos flamencos rosas y esas aves os han conquistado, debéis saber que aquí solo los habéis visto de paso: es al Parque Ornitológico de Pont de Gau adonde debéis dirigiros para descubrirlos en todo su esplendor.

Cómo visitar las Salinas
Las salinas pueden descubrirse de diferentes maneras. La mayoría de los viajeros opta por recorrerlas a bordo del característico Petit Train, pero también existen alternativas en bicicleta y a pie.
El tren turístico: la visita clásica
El billete puede comprarse en la página web oficial o directamente en el lugar, por un precio aproximado de 14 € para los adultos y 10 € para los niños. Os recomiendo comprarlo online siempre que sea posible, para evitar el riesgo de que no queden plazas, o acudir directamente al recinto nada más llegar a la Camarga, con el fin de aseguraros una plaza para el día deseado de vuestro viaje. La página web no siempre funciona correctamente y yo misma no conseguí reservar online. Fui personalmente el día en que quería realizar la visita, pero a las 10:30 de la mañana, en temporada baja, todas las plazas ya estaban agotadas: tuve que reservar para los días siguientes y conformarme con un horario que no era precisamente el ideal para contemplar el rosa en todo su esplendor. Lección aprendida: reservad siempre con antelación. El tren turístico es accesible para personas en silla de ruedas, pero contactad previamente con la entidad organizadora para que puedan preparar todo lo necesario. Funciona principalmente de marzo a noviembre. Los horarios varían según la temporada, pero, a modo orientativo, suelen ser de 10:00 a 17:00 en primavera y otoño y de 9:30 a 18:30 en julio y agosto. Presentaos siempre 15 minutos antes de la salida, que tiene lugar aproximadamente cada 30 minutos. Consultad siempre la página web antes de ir: me contaron que los horarios pueden cambiar o que las salidas pueden cancelarse sin previo aviso en caso de mal tiempo, como viento fuerte o lluvia.
El Petit Train du Salin d’Aigues-Mortes es la forma más popular y accesible de descubrir este extraordinario paisaje. La visita dura aproximadamente 1 hora y 15 minutos y parte desde la entrada del recinto. Es la opción más adecuada, sobre todo, para las familias y, en general, para quienes buscan una visita cómoda y guiada con comentarios informativos.
Durante el recorrido, un guía ofrece explicaciones sobre la historia, el trabajo de los sauniers y la biodiversidad del lugar. Los comentarios son principalmente en francés, pero se proporcionan folletos o códigos QR con explicaciones en otros idiomas —inglés, alemán e italiano—. Como no hablamos francés con fluidez, nos conformamos con la audioguía grabada, que, sin embargo, no resulta demasiado completa. Personalmente, por tanto, si no habláis francés, valoraría otras alternativas de visita: también porque el tren turístico recorre un trayecto bastante corto y no permite hacerse una idea real de las dimensiones de las salinas ni admirar Aigues-Mortes reflejada en el agua en todo su esplendor.
El tren turístico sigue un recorrido preestablecido con varias paradas, puntos fundamentales para comprender el lugar en el que os encontráis:
- Las balsas rosas: el recorrido os conduce entre los estanques de evaporación, donde el agua adquiere diferentes tonalidades de rosa, especialmente entre mayo y septiembre.
- Las camelles: el momento culminante es la parada al pie de las camelles, las espectaculares montañas de sal blanca. Aquí podréis bajar, subir hasta la cima para disfrutar de una vista panorámica y hacer fotografías inolvidables con las murallas de Aigues-Mortes al fondo.
- La fauna: a lo largo del trayecto tendréis la oportunidad de avistar los célebres flamencos rosas, además de más de 200 especies de aves que habitan en la zona, protegida como espacio Natura 2000. En verano será más difícil ver aves debido a la concentración de sal en el agua, que hace que esta zona resulte menos atractiva para ellas: prefieren otros lugares donde el alimento es más fácil de encontrar y más abundante.
- Museo/espacio expositivo: la visita incluye una parada en la salle d’exposition, donde descubriréis los secretos de la cristalización de la sal y el trabajo milenario de los sauniers. La mayoría de los vídeos y de los comentarios están en francés.
- Boutique: al final de la visita, podréis pasar por la tienda para comprar el célebre sel de Camargue y otros productos locales.
Muchas personas confunden el tren turístico de las salinas con el Petit Train d’Aigues-Mortes, que, en cambio, recorre el corazón de la ciudad medieval durante unos 25 minutos, partiendo de la Porte de la Gardette, la entrada principal de la ciudad fortificada.
No entra en las salinas ni recorre las murallas desde lo alto: atraviesa las calles del centro y ofrece una primera panorámica de la ciudad.
Durante el recorrido podréis ver principalmente:
- las calles y plazas de la ciudad amurallada;
- las murallas medievales vistas desde el interior;
- las puertas y algunas torres del recinto fortificado;
- los edificios históricos y religiosos del centro;
- los rincones más característicos de los barrios interiores.
Los comentarios explican la fundación de la ciudad promovida por Luis IX, la partida de las Cruzadas, la construcción de las fortificaciones y las guerras de religión. Por lo tanto, se trata más de una visita panorámica comentada que de un itinerario detallado por cada uno de los monumentos.
El recorrido dura aproximadamente 25 minutos y sale, de forma orientativa, cada 40 minutos desde la Porte de la Gardette. Los billetes se compran exclusivamente en el lugar, sin posibilidad de reserva. También hay disponibles explicaciones escritas en italiano.
Prestad atención al pedir información o al buscar en internet: los resultados pueden referirse al tren turístico de las salinas o al Petit Train d’Aigues-Mortes. Son dos experiencias completamente diferentes, con recorridos, puntos de partida y modalidades de visita distintos.

En bicicleta
Es, sin duda, una opción muy cómoda. Podéis acceder al recinto con vuestra propia bicicleta —o con una de alquiler— pagando una entrada de aproximadamente 18 € —tarifa sujeta a cambios—. Es recomendable tener un mínimo de experiencia y, preferiblemente, utilizar una bicicleta de montaña o una bicicleta eléctrica, ya que el estado del firme no siempre es perfecto.
Existen circuitos señalizados de diferentes longitudes —4, 12 y 30 kilómetros— para adaptarse a todos los niveles de preparación. Los recorridos están bien indicados, pero discurren principalmente por caminos de tierra sin asfaltar y requieren al menos dos horas.
En la ciudad encontraréis varias tiendas de alquiler de bicicletas, tanto tradicionales —aproximadamente 25 € por el día completo— como eléctricas —alrededor de 30 € por medio día—. Aquí tenéis algunas opciones interesantes:
- Station Bees
- Bike 30
- Sport Expert: no he encontrado su página web oficial, pero podéis contactar con ellos llamando al +33 04 66 51 67 34 o por correo electrónico a [email protected].
A pie
Es una de las alternativas que más me gustan. Existe un sendero peatonal señalizado de 4 kilómetros que permite descubrir las balsas, la fauna y la flora con total libertad. Gracias a los caminos autorizados, podréis disfrutar de una visita más lenta e íntima de la zona, sin perderos nada respecto al recorrido en bicicleta. Naturalmente, la visita requiere más tiempo: calculad unas tres horas, y no es la opción más adecuada durante las horas más calurosas del día, pero sigue siendo perfecta para quienes desean descubrir con calma los secretos de la Camarga. El recorrido es accesible con cochecitos de bebé y triciclos, y se proporciona a los adultos un chaleco reflectante obligatorio por motivos de seguridad.
Visita guiada en bicicleta o a pie
Es la opción perfecta para quienes desean descubrir con calma los secretos de la recolección de la sal junto a guías expertos, profundizando en la biodiversidad y en el proceso de producción. Se trata de recorridos y actividades quizá más adecuados para adultos y jóvenes a partir de 10 años, debido a su duración y a la cantidad de información compartida. Personalmente, preferí disfrutar de las salinas a mi ritmo, pero he visto que los precios de las visitas guiadas rondan los 22 € para los adultos. Se recomienda encarecidamente reservar y puede hacerse a través de la página web oficial, sobre todo en temporada alta. Y si decidís realizar la visita en bicicleta, organizaos con tiempo: ¡las plazas vuelan!
Las Salinas de Aigues-Mortes son un entorno completamente abierto, donde el sol, el viento y los reflejos sobre el agua y la sal pueden hacer que la visita resulte más exigente de lo previsto. Preparar bien la mochila marca realmente la diferencia, sobre todo si decidís explorarlas a pie o en bicicleta.
- Llevad calzado cómodo y que ya hayáis utilizado. Los recorridos interiores discurren principalmente por caminos de tierra, grava y terrenos que no siempre son regulares. Evitad, por tanto, las sandalias demasiado abiertas o el calzado con suelas lisas, especialmente si habéis elegido una visita a pie o en bicicleta.
- El sol es uno de los grandes protagonistas de las salinas. Llevad siempre con vosotros un sombrero, gafas de sol y una buena crema solar: prácticamente no hay sombra y los reflejos del agua y de las montañas de sal hacen que la luz sea todavía más intensa. Yo siempre llevo conmigo esta crema solar, pequeña pero muy eficaz.
- Una botella reutilizable es imprescindible, sobre todo en verano o si elegís uno de los recorridos más largos. En la zona de entrada encontraréis un bar, pero una vez iniciada la visita no siempre tendréis la posibilidad de comprar agua. Yo compré una plegable de silicona en Natura, pero veo que a menudo está agotada. En cualquier caso, aquí encontraréis una similar, muy práctica porque ocupa muy poco espacio cuando está vacía.
- Si queréis observar mejor los flamencos y las demás aves que habitan en las salinas, llevad con vosotros unos prismáticos. Los animales suelen encontrarse lejos de los recorridos accesibles para los visitantes y, sin prismáticos, apenas conseguiríais distinguirlos.
- Llevad una chaqueta cortavientos incluso durante la temporada de buen tiempo. Las salinas están completamente expuestas y el mistral puede levantarse de repente, haciendo que el aire sea más fresco y levantando polvo a lo largo de los caminos. Basta con una ligera y fácil de guardar en la mochila, como esta. En entretiempo también pueden resultar útiles una sudadera y un pañuelo.
- Un buen repelente de mosquitos puede resultar muy útil, sobre todo a última hora de la tarde, al atardecer y durante los periodos más húmedos. Yo utilizo este. Si habéis reservado una salida nocturna, os recomiendo sin duda llevarlo con vosotros.
- Si habéis elegido una visita larga, llevad algún tentempié. En la zona de entrada hay un bar y un área de pícnic, pero dentro de las salinas las posibilidades de comprar comida son muy limitadas.
- Una batería externa puede parecer un detalle, pero hace que la visita resulte mucho más sencilla, sobre todo si utilizáis a menudo el teléfono para hacer fotografías, consultar la información del recorrido u orientaros. Entre balsas rosas, montañas de sal y flamencos, es fácil agotar rápidamente la batería. A mí me regalaron esta y me funciona de maravilla, pero existen muchísimos modelos diferentes.
No hace falta mucho más. Para visitar las salinas, lo más importante es llevar calzado cómodo, protección solar, agua y unos prismáticos: pocas cosas, pero las adecuadas.
Las Salinas de Aigues-Mortes son mucho más que una simple atracción turística: son un lugar donde la historia milenaria, el trabajo del ser humano y la naturaleza más salvaje se funden en una combinación perfecta y espectacular. Caminar por la cima de una montaña de sal blanca y contemplar en el horizonte un inmenso mosaico de balsas rosas, con la silueta de la ciudad fortificada como telón de fondo, es una experiencia que permanece grabada en el corazón y en la memoria. Una auténtica obra maestra de la Camarga que no os podéis perder.
Si las salinas han sido vuestra primera parada, os recomiendo completar la visita descubriendo el resto de Aigues-Mortes: sus murallas medievales, la Torre de Constanza y sus leyendas merecen el mismo tiempo.
Y si esta es solo una de las paradas de vuestro viaje por la Camarga, no os perdáis su alma más salvaje y auténtica en Saintes-Maries-de-la-Mer, quizá con la ayuda de nuestra guía general de la Camarga, para orientaros entre las muchas facetas de esta región.
